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Ciudad de México para Los Románticos: un fin de semana de viernes a lunes
Piedra volcánica, rosa Barragán y una ciudad que se hunde.
El fin de semana para dos. Terrazas al atardecer, una mesa reservada con semanas de antelación, un paseo de vuelta a casa por el camino largo. Nada antes de las diez, nada con prisa, un despilfarro del que hablarás durante años.
Viernes: Coyoacán al anochecer
- Jardín Centenario y Plaza Hidalgo
Llega cuando empiecen los organilleros y la fuente de los coyotes recoja la última luz bajo los laureles; los bancos junto al kiosco se acaban primero.
- Una película en la Cineteca Nacional
La filmoteca nacional bajo su techo blanco plegado, donde la sesión de primera hora de la tarde tira hacia el melodrama mexicano restaurado y las filas de atrás están a oscuras.
- Los Danzantes Coyoacán
Un patio junto a la plaza, mezcal de la casa y hoja santa rellena de queso mientras la plaza se vacía; pide la mesa más cercana a la puerta.
Sábado: Paredes azules y un despacho cerrado
- Casa Azul, Museo Frida Kahlo
Reserva el primer turno y quédate a solas en el estudio, con la silla de ruedas junto al caballete y el espejo sobre la cama, antes de que llene el jardín.
- Casa de León Trotsky
El despacho con sus papeles, los conejeros que tenía en el jardín y un patio lo bastante tranquilo para los dos a primera hora de la tarde.
- Café de Tacuba
Abierto desde 1912, con azulejos hasta el techo, un trío de estudiantina y enchiladas bajo óleos de monjas; tocarán lo que pidas.
Domingo: Una barca, una pared rosa, una cena larga
- Barcas de remo en el Lago de Chapultepec
Una hora en una barca de madera sobre el viejo lago, con garzas en la isla y el castillo en su colina a tus espaldas; uno rema y el otro lleva el timón.
- Casa Luis Barragán
La visita guiada termina en la azotea de muros rosas y ocres sin más vista que el cielo, que es precisamente la gracia.
- Máximo Bistrot
La sala tranquila de Eduardo García, con platos de mercado, se reserva con semanas de antelación; termina con algo de la vitrina de repostería y una última copa. Este es el capricho.
Lunes: La ciudad que se inclina
- Catedral Metropolitana
Busca la plomada que cuelga de la cúpula y mira cómo marca cuánto se ha hundido el edificio en el lago desecado; el coro abre a las diez.
- Museo del Estanquillo
La colección de Carlos Monsiváis, con calaveras, caricatura y efímeros de la ciudad, abre los lunes, cuando casi nada más lo hace; el café de la azotea mira a las cúpulas.
- El Cardenal
Chocolate caliente batido en la mesa, nata con conchas y un último plato de escamoles antes del aeropuerto; se toman su tiempo, y tú también deberías.